Su obra

Una obra precoz e intensa

La obra de Jean Gaston Bardet es a la vez precoz e intensa puesto que en ella reúne lo esencial de 1937 a 1952, o sea entre 30 y 45 años. Aunque trabajando en materia de acondicionamiento del espacio a todas las escalas, desde el plan del gran conjunto urbano hasta el estudio de detalle, él no deja de intervenir simultáneamente mediante artículos de gran importancia sobre temas de actualidad, animando a revistas tales como Organización y Estadística de la Construcción (a finales de los años 1930) o El Maestro de Obra (en la Liberación).
Satirista y profeta, él es también organizador al desempeñarse por un tiempo como Secretario general de la Sociedad Francesa de Urbanistas, y pedagogo al realizar en Bruselas, en Argelia y en América Latina un trabajo didáctico iniciado en el Instituto de Urbanismo de la Universidad de París, igualmente internacional por la atención persistente que él da al urbanismo de Europa y del Nuevo Mundo, y de la cual da testimonio la amplia documentación de sus publicaciones. La esfera de acción de Gaston Bardet es casi global puesto que su obra y él mismo son recibidos en Gran Bretaña, Estados Unidos, Bélgica, Argelia, Portugal, México y Argentina. Ese impacto en todo el mundo occidental contrasta con una relativa falta de éxito en Francia en su período de mayor madurez, es decir al principio de la década de 1950.

Un urbanista visionario

Nacido el 1° de abril de 1907 en Vichy, -pequeña ciudad de aguas termales del centro de Francia- fue también en Vichy, donde murió el 30 de mayo de 1989 después de una larga vida durante la cual fue el más fecundo de los teóricos del urbanismo francés y sin duda uno de los más influyentes. Además, su consideración de los problemas intelectuales y espirituales –hasta entonces ignorados- agregados a la dimensión social ya existente, abrió el urbanismo a una nueva dimensión filosófica formada de humanismo y de valores morales. El hombre es el producto de la Creación. Es la aplicación –sin saberlo en esa época- de la doctrina social de la Iglesia mediante la cual todos los problemas sociales se resuelven por el amor al prójimo… la caridad.
Desde 1934 hasta el final de sus estudios de arquitectura, él se destacó a la vez por la presentación de un proyecto de “ciudad jardín para intelectuales” y por la publicación en la revista Urbanismo de un artículo que marcará una hito histórico en el nacimiento de esa disciplina.

En el seno del Instituto de Urbanismo de Paris, él se forma en la historia y el análisis de las ciudades bajo la guía del cartógrafo Marcel Poete cuya terminología vitalista, tomada de Bergson, lo subyugará.
Después él se preocupa por un tema que parece ser de actualidad en cada decenio: “la cuestión de las supercarreteras de gran profundidad” para París, siendo el objeto de una intervención suya en el Congreso internacional de Arquitectos, en Roma en 1935.
En su tesis: la Roma Moderna que él pública en 1937, aparecen las primeras críticas contra las “las tinieblas en anchura”. Los “los muros neutralizantes” y sobre todo “los hombres estandarizados” de Le Corbusier. Aunque continuando la defensa e ilustración de las vías subterráneas, él propone en una primera obra publicada en 1941, Problemas de Urbanismo, una doctrina global que integra consideraciones técnicas, sociales y formales.

Continuando con las ideas desarrolladas por Henard, cuyos proyectos él rehabilita en 1939, endosa las tesis del arquitecto e ingeniero Utudjan sobre el subsuelo parisino, a la vez que destruye por un croquis que ha permanecido célebre (publicado en Piedra sobre Piedra) los principios de orientación solar de la “ciudad radiante” de Le Corbusier, surgidos de los trabajos de A. Agustín-Rey y Julián Barde, presentando las pruebas precisas para condenar el “clima de cueva” de lo que él demuestra ser en realidad una “ciudad de sombras”.

Ante la lectura de los primeros escritos de Gastón Bardet, su posición teórica aparece claramente: aceptación sin reticencia de las técnicas contemporáneas y del desarrollo económico a los cuales él integra la visión organicista de un desarrollo de ciudades propuesto por Marcel Poete, haciéndose intérprete de los métodos de encuestas formulados por Patrick Geddes a principio del siglo XX, y resumidos en Problemas de Urbanismo. Él hará conocer en Francia los trabajos de su amigo Lewis Munford (la Cultura de las Ciudades) que él juzgará como “un bosque de ideas sobre el papel de la ciudad y de las regiones en la civilización”

La topografía social

Él se impone desde sus primeros análisis urbanos como un observador atento de “evolución creadora de las ciudades”. No se contenta con una simple compilación comparativa de experiencias internacionales, sino que elabora las técnicas gráficas eficaces para representar esquemáticamente su crecimiento y sus articulaciones territoriales las cuales denominará: la topografía social.
Como leucocitos devorando un microbio o como amibas avanzando en formación, las ciudades observadas por Gaston Bardet viven aventuras increíbles. Aumentando más la lente del microscopio y al interior de esos “organismos urbanos” se descubrirá gracias a la topografía social seres aún más concretos: los habitantes de la ciudad contados por uno. Así pues, sus encuestas urbanas están lejos de proponer esquemas generales a los cuales deberían ajustarse las ciudades. Los proyectos de acondicionamiento que establece, derivados de este trabajo de campo– que toman una dimensión estadística cuando es establecido el”perfil” de cada comuna o de cada islote– serán fundamentados no solamente tomándolos en cuenta, sino igualmente reconociendo la originalidad de cada barrio. Más allá del proyecto visual, él integra así en su reflexión, la visión de una ciudad compuesta de colectividades humanas llamando proyectos razonados y aceptables para los habitantes.

Los planes de acondicionamiento

En 1938, él enseña en el Instituto de Urbanismo de París donde se dedicará a dar una dimensión más social y más espacial a los trabajos del Instituto.
En 1939, recibe su primera encomienda significativa de urbanismo: el plan de acondicionamiento, de extensión y de embellecimiento de Vichy.
La reconstrucción iniciada desde el final de la guerra de 1940-45 pronto lo ve en acción en el valle del Sena y en el Oise. Los planes de reconstrucción de Louviers y de Vernon le permitirán afinar los principios de la topografía social que él aplicará en un gran número de planes de reconstrucción y teorizada en varios planos.

Esos análisis del tejido urbano lo llevarán a proponer nuevas ciudades-jardín basadas en una organización jerarquizada: los escalones patriarcal, doméstico y parroquial, según su dimensión creciente. Esos escalones detectados por la topografía social en la ciudad existente, serán reforzados al momento de su remodelación o de la extensión de la ciudad, o bien creados ex-nihilo durante la reconstrucción, como al momento de la creación de nuevos barrios, dando así la imagen instantánea de una comunidad compleja.

Ese trabajo de investigación cuidando realmente tomar en cuenta al ser humano, no será reconocido por los oficiales del Ministerio de la Reconstrucción y del Urbanismo, pues estaban fascinados por el modernismo de los falansterios de Le Corbusier cuyo espíritu comunitario rompía la continuidad de lazos con las calles de la ciudad. Eso era el enfrentamiento entre el humanismo y el totalitarismo. Pero ahora se sabe– y acabamos de verificarlo dolorosamente en este mes de noviembre del 2005– quién tenía razón. Las ciudades llamadas “radiantes”, los grandes conjuntos concentracionarios, las barras y torres que no son más que cajas para amontonar “la mercancía humana” fueron colocadas allí donde nadie las ve o en torres sobre extensiones de asfalto. La creencia de que la ciudad es un amontonamiento de edificios y esos edificios una aspiración de células fue una aberración, cuyas consecuencias desastrosas se miden actualmente. ¿Acaso no es insultar a la dignidad del hombre el pedirle identificarse con una “cédula” clonada hasta el infinito? Así se perdieron decenios, vidas humanas arruinadas y ciudades enteras desfiguradas para siempre…

Nadie es profeta en su tierra, Gastón Bardet fue llamado a Bélgica, en octubre de 1947, para fundar en Bruselas el Instituto Internacional y Superior de Urbanismo Aplicado, el cual dirigió durante 26 años. Vendrán del mundo entero, arquitectos e ingenieros que abrevarán en la fuente la doctrina que ellos aplicarán al regreso de sus países respectivos.
Él participará en Argelia en la creación del Instituto de Urbanismo estableciendo múltiples planes de acondicionamiento, entre ellos el de Orán y Philipville. Él emprenderá igualmente en esa época, una carrera de profesor visitante en Dinamarca, Argentina, México, Perú, Venezuela, Portugal y Brasil. Simultáneamente, varias misiones le serán encomendadas por el Ministerio de Asuntos Exteriores, en Marruecos, en Egipto y en Medio-Oriente.

De la organización “polifónica” al ruralismo aplicado

A través de sus talleres de Bruselas y de Argel, Gastón Bardet elaboró el concepto “organización polifónica” aplicado a la concepción de “grandes conjuntos” de habitación; “música” opuesta al “ruido” de las soluciones a veces indignas resultado del encuentro del academismo y del funcionalismo. Él mismo definirá ese nuevo concepto: alternancia de tareas escalonadas, alternancia de jefes de equipos, mediante permuta en el marco de cada actividad. En Monterrey (México) la sección Arquitectura en el seno de la Universidad, será estructurada según su método de organización polifónica.

En 1958, llamado por el alcalde de la pequeña comuna de Le Rheu, en la periferia poniente de Rennes, él podrá por fin aplicar durante una decena de años, en Le Rheu mismo y en una decena de cantones, de poblados o de pequeños burgos, todas sus teorías en materia de ciudades jardín o “villettes”. Esta aplicación exitosa y condensada de “la organización polifónica” constituye uno de los más convincentes tratamientos del espacio suburbano de una gran ciudad francesa. Le Rheu es también la única expresión terminal del pensamiento de conjunto de Gastón Bardet.

Si bien la marca directa de su trabajo es, en definitiva, casi impalpable en suelo francés, en cambio su contribución teórica, cuyos canales de difusión fueron múltiples, permanece de una originalidad y una importancia rara, y de un vigor tanto más sorprendente hoy, como si ella hubiera sido formulada y publicada a lo mucho hace una quincena de años.

Le Rheu: un urbanismo con rostro humano

Cuando en los años 50, Gastón Bardet fue llamado por el alcalde de Le Rheu, el pequeño poblado rural a 7 km de Rennes sólo contaba con 900 habitantes. Su población estaba envejecida, no existía ningún equipamiento público, no poseía ningún carácter propioy su espacio rural estaba sub-equipado, dividido y casi inescrutable.

En el año 2000– 51 años más tarde– Le Rheu tendrá 10,000 habitantes. Es un poblado bien vivo, muy equipado, perfectamente equilibrado y próspero al cual vienen a visitar de todo el mundo.

Cuando se estudia el desarrollo ejemplar de esta comuna, se constata fácilmente como una autoridad local pudo– apoyándose en un urbanista inspirado– concebir una política de maestría cualitativa y cuantitativa para desarrollarse a la vez que rechazando valientemente– salvo excepción– entregarse al azar.

Esta experiencia demuestra también que el urbanismo– arte mayor– rige la vida cotidiana de nuestra sociedad y que en él se sitúa la esencia de la acción política.

La primera cosa que hará Gaston Bardet para Le Rheu es detener la urbanización que comenzaba a lo largo de la carretera nacional, cuya función es la de asegurar un tráfico carretero importante y no ser un lugar para habitantes. Él va a llevar la organización hacia el poblado, lugar de una comunidad humana con su pasado, su alcaldía, su Iglesia y su identidad propia.

Un primer escalón doméstico será realizado, después muy naturalmente, Gastón Bardet pasó al estudio de un plan de conjunto a mediano plazo. Ese plan comprende 5 escalones domésticos (sólo tres de los cuales serían realizados por él), pero no pretende acabar la composición pues él deja hacer a los sucesores y a las generaciones por venir la flexibilidad para adaptarse a los problemas futuros.

Al estudiar las tres operaciones realizadas bajo la conducción de Gastón Bardet: la lotificación poniente, oriente y norte (de deportes), ver figura 6 y figura 7, se nota que cada una de estas tres opciones está “marcada” por la vialidad primaria existente (carretera departamental) y por la primera operación, porque debe ser un límite sur de la urbanización del barrio oriente.

Esas tres operaciones valoran la aparición de escalones domésticos pero también patriarcales, estos últimos englobando calles secundarias y plazuelas.

La jerarquización de la vialidad (primaria, secundaria y terciaria), las calles “radiales” que vivifican, las calles “circulares” que envuelven y unifican.

La aparición de los caminos peatonales.

Los grupos de casas agrupadas de dos en dos o en tres.

La búsqueda de “cuadros urbanos”, ya sea alrededor de plazuelas, ya sea a lo largo de calles, de cruceros, o bien el estudio de la perspectiva en el eje de una calle así como la estructura de una “escapada visual”.

El extremo cuidado conseguido al tratamiento de los espacios exteriores y el paisaje respetando lo existente, los septos, los antiguos caminos que vienen a ser caminos peatonales.

La creación de banquetas-jardines al trazar una calle que respecta la perennidad de los encinos existentes después “paisajeando” antiguos taludes. Es la aplicación del principio de las envolventes vegetales que aparecerán mucho más tarde en las realizaciones comunales.

Los espacios verdes en la ciudad. Además de las plazuelas tratadas como “green”, es en el escalón de los Deportes (el tercero) en el que destaca el cuidado de las tumbas al integrar espacios verdes en la composición urbana– más que para la escenografía. Así el primer estadio municipal se encuentra localizado en medio de habitaciones y une, por un camino peatonal, un espacio libre para juegos o para paseo (ver figura 19).

Las envolventes y el mobiliario urbano. Un modelo de envolventes adoptado para cada calle a fin de que ese elemento fuerte del espacio visible se integre armoniosamente en la composición. Gastón Bardet estudia incluso el detalle de una puerta de entrada, un buzón, un muro mayor de una casa, él diseña modelos de postizos en madera que animará posteriormente por una policromía.

Es en ese estado de desarrollo (1967) que un cambio de personas interviene en la municipalidad e igualmente en las mentalidades, no permitiendo ya a Gastón Bardet poner su mano en la realización de estos planes. Él deja entonces Le Rheu.

Los dos escalones restantes cuyos proyectos estableció Gastón Bardet, serán confiados, uno a un urbanista y otro a un arquitecto, quienes, en ningún momento, constituyeron un equipo. Sus formaciones y sus caracteres se oponen incluso. Deliberadamente se da la espalda a lo que hubiera sido un inicio de polifonía y ante la falta de un pensamiento unificador es el poder municipal el que se transforma en el único responsable de lo que va a ser esa empresa.

Se asiste entonces a una ruptura del principio de legibilidad del poblado y a una segunda ruptura en la continuidad del tejido urbano (creación de un cul-de-sac ¡en una calle radial!) Con un trazado fuera de escala y desesperadamente rectilíneo que conduce a una alteración completa con la operación precedente (tercer escalón). Y para coronar todo, la anarquía del dejar hacer reina en las construcciones y en su ordenamiento…

La salida de Gastón Bardet está marcada por la negación de los principios que él aplicó e inculcó desde hacía una decena de años. Esto muestra cómo la política, en poco tiempo, puede dilapidar una adquisición preciosa.

Leer también en Wilkipedia “Le Rheu”.